Sensibilidad

Texto leído en las “Jornadas de reflexión: género, ética y política. Retos y perspectivas” organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (Ciudad de México, 18 y 19 de septiembre de 2017)

José Francisco Barrón Tovar

“Se ha de aprender a ver, se ha de aprender a pensar, y se ha de aprender a hablar y a escribir [...] no responder inmediatamente a un estímulo [...] todo lo vulgar radica en la incapacidad de oponer resistencia a un estímulo, en el tener que reaccionar, en seguir todo impulso.” (Friedrich Nietzsche, El ocaso de los ídolos)
Recibimos lo que nos ocurre con ‘sentimientos-aceptados’. No lo aprovechamos de ninguna manera, ni sabiendo sufrir por ello, ni sabiendo gozar. No sabemos sufrir, eso es quizás lo peor. (Hélène Cixous, Fotos de raíces. Memoria y escritura)

Se llamará sensibilidad¹ al funcionamiento de la experiencia en la que los cuerpos responden a lo que sienten en -y en relación con- un acontecimiento determinado. En este sentido cuerpo puede ser colectivo, individual, maquínico. La respuesta puede determinarse de cualquier tipo: emocional, discursiva, corporal, institucional, violenta, etcétera. El acontecimiento determinado puede ir de una violencia necropolítica ejercida contra cuerpos colectivos hasta la relación de amor o amistad entre cuerpos individuales. En tecnología se habla de sensores que reciben una señal y reaccionan emitiendo otra señal como respuesta. En estética se habla de la emisión de un juicio al evaluar una cosa o evento. En el lenguaje cotidiano se habla de “ser muy sensible” o de “falta de sensibilidad” para hablar de que en un intercambio social alguien se muestra impresionado, afectivo, tierno, delicado, incluso emotivo, sentimental, hasta susceptible. Ciertamente, en la mayoría de los actuales usos -políticos, militantes, aguerridos- del discurso de género la cuestión de la sensibilidad aparece siempre como cuestión de primer importancia que se gusta soslayar, si no es que se deja fuera intencionadamente. Las razones de esto casi siempre son de índole de política de la teoría, incluso de política de la lucha social. Se prefiere la mayor parte del tiempo volverla teoría pura, cosa de la academia. Se prefiere hablar de cuerpos constituidos social y lingüísticamente. Se prefiere naturalizar esa constitución. Habría toda una estética-política que permite elaborar el discurso que guste de usar el género como herramienta central. La cuestión de los cuerpos, de las relaciones entre cuerpos, de las construcción de políticas de los cuerpos en el género, debería, afirmo, atender la cuestión de la sensibilidad de esos cuerpos. Quizás así, no sólo podríamos atacar como sentimos nuestras estructuras de violencia y nuestras prácticas de muerte, sino también tener como respuesta unas prácticas revolucionarias, emancipatorias, mínimamente de vidas mejores, adecuadas.

Tratar la sensibilidad implicaría de principio atender: ¿Cómo es que se ha construido eso que nos molesta o nos agrada, que nos lastima? ¿Qué relación existe entre nuestras políticas y nuestros gustos o disgustos corporales? ¿Podemos saber cuánto de remordimiento o culpa hay en nuestras formas de lucha, en nuestros discursos políticos? ¿Importaría saber cómo nuestro sufrimiento entra en nuestras violencias estructurales? ¿A qué sistema de libertad o de sometimiento conviene regodearnos en nuestro dolor, excedernos en la reacción a nuestro dolor? ¿En qué sentido el deseo de acariciar un cuerpo y otro no determinaría nuestros discursos y prácticas políticas? ¿Existe un espacio estético de conformación del cuerpo ejerciendo la política? Si este fuera el caso, ¿con qué discurso tratar ese espacio de relaciones y efectos estéticos, de pasiones y juicios sobre lo que nos acontece? ¿Qué discursos podrían tratar el ejercicio de la sensibilidad como una política de la teoría? Ciertamente cierto discurso feminista lo ha hecho.

Ya desde hace siglos pensadoras han tratado la cuestión de la sensibilidad en relación con el cuerpo y moralidad de las mujeres. Desde los siglos XVII y XVIII, filósofas como Madame de Staël² o Madame de Sévigné³ habían enarbolado cierta idea de la configuración de la práctica moral femenina en relación con su capacidad sensible. Pero fueron autoras románticas inglesas, ya entrado el siglo XVIII, como Mary Wollstonecraft, Maria Edgeworth y Jane Austen quienes han dejado desarrollada una forma de la discusión; es decir, un discurso. Ella debatieron cómo definir la sensibilidad, cómo evaluarla y cómo adquirirla. A grandes rasgos, la sensibilidad se entendía como la capacidad de un cuerpo de ser afectado. Así, social y políticamente se esperaba de los cuerpos ciertas reacciones o respuestas emocionales en determinadas circunstancias. La amabilidad, la ternura, la prudencia eran respuestas emocionales esperadas de las mujeres. Es así que gestos corporales delicados permitían hacer de la mujer ciertas evaluaciones morales. Pues, una práctica moral alta debería ir acompañada de un sentimiento apropiado. Mucha de la discusión entre estas autoras era que tal relación entre la sensibilidad, la práctica social y la valoración moral tendía convertirse en una pantalla superficial. (Kat Powell, “Feminine Sensibility and Virtue”) “Est-ce la sensibilité, est-ce la vertu qui n’est qu’un fantôme?”

Ya más cercana a nosotros la filósofa francesa Luce Irigaray ha abogado por una “cultura de la percepción sensible”, por una “educación de la sensibilidad”. Así ha escrito:

“Mi experiencia de mujer, como el análisis de las opiniones sostenidas por mujeres y hombres, me han enseñado que el sujeto femenino privilegia casi siempre la relación entre sujetos, la relación con el otro género, la relación de a dos. […] En lugar de la relación intersubjetiva, deseada por las mujeres aun fuera de su cumplimiento, encontramos en los hombres una relación sujeto-objeto, sea el objeto material o espiritual. […] la relación con el objeto, con el otro, con el mundo. se realiza a través de un instrumento, ya se trate de la mano, del sexo, pero también de un instrumento que se agrega o que reemplaza al cuerpo” (Luce Irigaray, Ser dos, p. 27)

La insistencia de Irigaray podría resumirse en este problema: ‪”Nos falta una cultura de la percepción y, a causa de esta carencia, caemos en el reino de la simple sensación”. (p. 34)

Se podría defender que esta insistencia por pensar la sensibilidad de los cuerpos tiene como interés una estética-política. De hecho podría usarse de este modo. Podríamos, por ejemplo, preguntarnos qué era eso que constituía antaño nuestra experiencia y hacía aceptable para nuestra sensibilidad lo que ahora no soportamos y que deseamos detener, terminar. Habría que demandarnos a nosotros mismos, ¿por qué hace tan poco que combatimos la “trata de personas” si hubo antes tantos siglos? ¿Por qué vemos más las violencias hacia ciertos cuerpos? ¿Cómo es que ahora sentimos esta indignación, esta rabia, por ciertos cuerpos destrozados, desmembrados? ¿Qué pasiones serían las adecuadas para responder a nuestras violencias, a nuestros cuerpos muertos?

Notas a pie:
1 Podría tratarse como una discusión con Jacques Rancière y su caracterización de “lo sensible” como “découpage du temps et des espaces, du visible et de l’invisible, de la parole et du bruit qui définit à la fois le lieu et l’enjeu de la politique comme forme d’expérience”.
2 “heureuse la nation, heureux les individus qui dépendraient des hommes susceptibles d’être entraînés par la sensibilité!”
“les femmes sont liées par les rélations du cœur, et les hommes ne le sont pas: cette idée même est encore un obstacle à la durée de l’attachement des hommes ; car là où le cœur ne s’est point fait de devoir, il faut que l’imagination soit excitée par l’inquiétude, et les hommes sont sûrs des femmes, par des raisons même étrangères, à l’opinion qu’ils ont de leur plus grande sensibilité; ils en sont sûrs, parce qu’ils les estiment; ils en sont sûrs , parce que le besoin qu’elles ont de l appui de l’homme qu’elles aiment, se compose de motifs indépendants de l’attrait même”
3 “Enfin, mon enfant, soulagez-vous, ayez soin de vous, fermez votre écritoire; c’est le vrai temple de Janus; et songez que vous ne sauriez faire un plus solide et plus sensible plaisir à ceux qui vous aiment, que de vous conserver pour eux, puisque ce seroit vous tuer que de leur écrire.”
“Nous en faisons toujours un de madame de Vins : c’est une aimable créature, j’y pense souvent , elle me témoigne bien de l’amitié , et me parle de vous avec une véritable tendresse : elle n’est vraiment point un fagot d’épines (malhumorada, irritable): elle est fort bonne à ses amies, ei fort sensible à leurs intérêts. Sa destinée est triste: elle n’étoit pour tant pas sans dégoûts au milieu de la cour , et vous la plaignez trop d’être dans sa famille; c’est sa pente naturelle, elle y est fort accoutumée : la solidité de son esprit lui est d’un graud secours présentement: ne vous mande-t-elle point l’usage qu’elle en fait, et comme elle apprend votre philosophie? Son mari a donc payé le tribut aux yeux de madame D…. Vous lui donnerez des leçons sur la manière d’en être jalouse : je ne plains point les dames de cette humeur ; elles trouvent à subsister par-tout.” (1680)

Textos del libro “Figuras del discurso”

El pasado 5 de agosto fue presentado el libro “Figuras del discurso”. Acá les compartimos algunos de los ensayos que se encuentran en el libro:

Presentación del libro “Figuras del discurso. Exclusión, filosofía y política”

Dra. Ana María Martínez de la Escalera

Los libros se usan: eso lo saben muchos. Sea para registrar pensamientos o sermones, para conservar discursos y argumentos. 

Son empleados para acariciar ideas nuevas y hojear antiguas; otras veces sólo para acariciar. 

Su valor de uso –dirán algunos—no está enmarcado en ninguna función primordial o ineludible, sino, tal vez, en lo que lo excede. Llamémosle al excedente por su otro nombre y su nombre-otro, el pathos, aunque también podría ser el ethos, las afecciones junto a los afectos de los lectores, si es que alguna vez estuvieron separados ambos. Efectos inmediatos y a largo plazo, previsibles o inesperados de la lectura y la escucha. Sólo en esta relación privilegiada por peitho, la persuasión que incendia la adhesión de los sentimientos, y garantizada por metis, la astucia sin medida de la sabiduría de la gente, las fuerzas de cualquier libro tienen lugar y a veces, se liberan y liberan a los y las lectoras. Entonces el libro abre el debate, él pregunta y él contesta interrogantes, produce el anhelado cambio de ideas, desata voces diversas y singulares, irrepetibles; interpela al otro en cada uno de nosotros.

Al mismo tiempo el libro no deja de actuar como fundamento de tradiciones, depósito de relatos. También usado como excusa para esto o aquello, para atenuar la culpa y eludir la responsabilidad. Muchos lo emplean para guardar celosamente proyectos y conversaciones e inmediatamente olvidan donde lo dejaron, junto con las buenas intenciones.

Decíamos: los libros interpelan al lector; no obstante, otros más son interpelados por los avances beligerantes de los nuevos lectores, por las nuevas actitudes y las recién descubiertas actividades lectoras. Un montón de libros también nos transforman. Unos son testimonio de las dificultades del devenir del pensamiento crítico sin miedo a ubicarse en el primer lugar de la puesta en cuestión. Precisamente como estas FIGURAS DEL DISCURSO las cuales aquí intentamos presentar en toda su fuerza crítica.        

Si la crítica fue, desde la perspectiva de Michel Foucault, la formulación de objeciones contra ciertas formas de gobierno del sentido y su fabricación, junto con la realización de prácticas de de-sujección; o como quería Adorno, fue el dar cuenta de las nuevas realidades que se hacen visibles para y por el pensamiento, ofreciéndole provisionalmente un nombre y concepto nuevos con los cuales  facilitar la acción de las fuerzas transformadoras de la historia que en él habitan, aquí entre estas páginas deviene comunidad a través de ejercicios –imperceptibles y moleculares (Deleuze)– que al no proponerse desbaratar a algún contrincante o tomar el poder y control del sentido, aumentan las posibilidades de la conversación, gran baluarte de la alteridad.

La fuerza crítica desplegada a través de sus artículos es propuesta de cuestiones y postura decidida ante la situación que demanda nombre propio, descripción e intervención connotada, política, cultural, intelectual, subjetiva; marcas todas de la dignidad de los y las lectoras ante la urgencia de un presente injusto. La crítica es también la apertura a la puesta al día que no facilite el aggiornamiento, como aquél inventado por la Iglesia católica para que todo cambio reforzara el que todo siguiera igual. Puesta al día del instrumental del lector tan diverso como la figura misma de lector. Puesta al día, y sobre ella, puesta en circulación de operaciones que revelan los procesos de exclusión, es decir muestran la exclusión como operación oficial contra la diferencia (Foucault, El orden del discurso) y contra la voz que toma la palabra sin pedir permiso a la autoridad.

Las Figuras del discurso coordinadas por Villegas, Talavera y Monroy –los tres representados además en el interior del libro por sendos artículos críticos–, transdisciplinan los límites filosóficos de la obra, estableciendo relaciones de todo tipo con la historia, la antropología, la psicología y la teoría del inconsciente, la literatura, el testimonio y la actividad política. Si interdisciplina es intercambio de ideas para solucionar problemas fuera del ámbito estrecho de cada disciplina académica, la transdisciplina realiza la crítica suprema de cualquier saber al cual se le hubieran subido los humos, como suele decirse coloquialmente, pretendiendo ser la explicación última y primera de lo existente, delirio como sabemos de nuestros profesionales. Otro de los logros del tomo es haber partido de la noción enriquecida de figura, por la cual la figura es la operación de generalización hiperbólica de un significado (el indio es el habitante nativo que los colonizadores encontraron al llegar) y de la naturalización de la denotación (la clase de individuos que privados de sus derechos humanos,  aparecen como naturalmente naturales), sin reparar en la referencia, puesto que siempre es fallida (los mayas no son nahuas); y esta falla es, justamente, la cristalización de la dominación colonial. La crítica es la manera idónea para viajar cual nómade hacia territorios-otros de la proposición sin condición y el libre debate sin agenda, sin coartada y sin extorsión (Derrida, Las humanidades sin condición). El tercer logro es haber acabado con la ilusión, o la cursilería, de pretender hablar por los excluidos ganando prerrogativas, sustituyendo a las víctimas, ocupando el puesto de representante-acreedor de todos los oprimidos. No porque no se pueda hablar por las víctimas; sino, en forma muy determinada en casi todos los textos reunidos, porque la crítica de la exclusión habla desde la resistencia sin condición ni agenda interesada, no desde la vivencia dañada. Decía Milán Kundera que los cursis insisten en que su corazón está del lado de las víctimas sin excepción y dejan caer siempre dos lágrimas (Milán Kundera, La insoportable levedad del ser, Barcelona, Tusquets, 1999 (12 ed)) una por la pobre víctima a la que reducen a la infancia, es decir a la ausencia de lenguaje y fuerza, la otra conmovidos por ellos mismos, al demostrar sentimientos que son de todos (o eso suponen). Reconocemos al cursi porque llora dos veces. No es la primera lágrima la que vuelve cursi al cursi, es la segunda: “La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad…! Es la segunda lágrima –sostiene Kundera contra otras caracterizaciones de lo cursi– la que convierte el kitsch en kitsch” (p. 256-7). En el kitsch lo sentimental, la catacresis, los ready-made o lugares comunes de la emoción, el recurso a-crítico, a la sociedad, a la política y al papel de una misma en ella, confirma al homo sentimentalis de Kundera, es decir configura, conformistamente, al nuevo tipo de ciudadano en el cual nos hemos convertido. Lo cursi trata del sentimiento del amor en la relación amorosa sino fuera, en áreas precisamente no amorosas, por ejemplo, lo moral o lo ético donde “la ilusión de la perfección moral” muestra su carácter totalitario, esto es su efecto de crueldad pública ante quien no comparte como “todos” los individuos deberían hacer, una misma concepción sentimental de la política y de las relaciones con los otros. O de lo humano, o de la civilización, o de la mujer. El cursi es típicamente un Narciso moderno más.

      Citemos a Kundera en La insoportable levedad del ser, hoy pasada de moda. En el capítulo La gran marcha, apartados 7 y 8 escribe:

Diez años más tarde (cuando vivía ya en Norteamérica), un amigo de sus amigos, senador norteamericano, la llevaba en su enorme automóvil. En el asiento trasero se apretujaban cuatro niños. El senador detuvo el coche; los niños bajaron y corrieron por el amplio césped hacia el edificio de un estadio en el que había una pista de patinaje sobre hielo. El senador, sentado al volante, miraba enternecido a las cuatro figuritas que corrían y se giró luego hacia Sabina: «Mírelos». Dibujó con la mano un círculo que pretendía abarcar el estadio, el césped y a los niños: «A esto lo llamo felicidad». Tras aquellas palabras no sólo había felicidad porque los niños corrieran y el césped creciera, sino también una expresión de comprensión hacia una mujer que procedía de uno de los países del comunismo donde, a juicio del senador, el césped no crece y los niños no corren. ¿Cómo sabía aquel senador que los niños son la felicidad? ¿Es que podía ver sus almas? ¿Y si en el momento en que desaparecieran de su vista, tres de ellos se lanzaran sobre el cuarto y empezaran a pegarle? El senador tenía un solo argumento para su afirmación: sus sentimientos. Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón. Por supuesto el sentimiento que despierta el kitsch debe poder ser compartido por gran cantidad de gente. Por eso el kitsch no puede basarse en una situación inhabitual (Gómez de la Serna sostiene lo contrario), sino en imágenes básicas que deben grabarse en la memoria de la gente: la hija ingrata, el padre abandonado, los niños que corren por el césped, la patria traicionada, el recuerdo del primer amor. El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lagrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped! La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped! Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch. La hermandad de todos los hombres del mundo sólo podrá edificarse sobre el kitsch. (109-110)

      Nos parece que a Kundera le hizo falta precisar lo siguiente: al igual que el senador, que no es un individuo sino un personaje y operador de sentido; el cursi al decir “Soy humano” implícitamente niega la humanidad del otro, siendo esa justamente la operación excluyente.  A través de una expresión de comprensión ante la ausencia de humanidad del otro u otra, ausencia y negación que la expresión” yo, humano” perpetúa, opera y lleva a cabo dos cosas: por una parte, realiza y confirma la ausencia de humanidad del otro, y por otro lado llora con placer egoísta esa ausencia, congratulándose así de su propia existencia ilusoriamente humana (ilusoria o fantasmática porque precisa siempre una vez más de la segunda lágrima y así del otro para confirmar la propia existencia). Porque el valor kitsch, el valor posible-imposible del cursi es la negación decretada de humanidad de cualquier otro y de todos los otros. El doble gesto lacrimoso que actúa como “comprensión condescendiente” del otro, es en realidad, la realización de la confirmación de la identidad como humano o Yo ante el no-humano. Típica operación identitaria en el espacio macro-político, en el aparato del estado nacional que muestra la “estetización de la política totalitaria y la totalización de la política” señalada por Walter Benjamín, esta vez actuando sobre la producción de sentido.

      Así pues, si se quisiera resumir el libro en una frase podría decirse lo siguiente: este libro es la deconstrucción crítica de lo cursi en el discurso de las exclusiones, de la filosofía y la política.

Sin duda frase insuficiente pero justo porque en el libro no se habla por los vencidos, por los oprimidos, los animales, los desechados, sino que, primordialmente, se intenta visibilizar cómo se los fabrica. Por ejemplo, se analiza con cuidado minucioso cómo opera la generalización abusiva de la palabra Hombre, o Civilización, o Mujer, o Animal, sobre los referentes sociales, históricos, materiales a los que necesariamente, o constitutivamente, excluyen. Es urgente el análisis pues todas estas expresiones, y otras más estudiadas en el tomo, excluyen al generalizar, fabrican su necesario excluido y fortalecen así la dominación.

Por todo ello decimos que el valor de este libro es que en él no hay cabida para la cursilería política sino para la politización de los lectores y la lectura.

Gracias.

Segundo Congreso Internacional “Figuras del Discurso”

Parte de los trabajos del Segundo Congreso Internacional Figuras del Discurso: Temas contemporáneos de política y exclusión, que se llevó a cabo en el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.