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Curso: “Deber de memoria y justicia de género: pluralidad de voces y testimonios en medios digitales”

IMG_2924Duración: 20 horas (5 sesiones)

Horario: sábados de 10 a 14 horas, del 04 de mayo al 08 de junio de 2019


En este curso discutiremos las razones por las cuáles las memorias colectivas no pertenecen a la historia oficial, ya que la fuerza de sus demandas por justicia, las incita a una visibilidad que no se agota en las formas espectaculares y tradicionales del recuerdo, o en las prácticas estetizadas de los medios de comunicación, sino que ponen en marcha nuevas formas de movimientos sociales y de colectividades políticas, es decir, organizan de otras maneras lo público y la experiencia en común.
Con ejemplos como las rondas de las madres de Plaza de Mayo, las movilizaciones contra la violencia feminicida o el activismo digital, se mostrará que las memorias colectivas no pueden ser homogeneizadas o estandarizadas, ni reducidas a un contenido específico, en ellas habita una pluralidad de voces, experiencias y testimonios.

Objetivos específicos

  • Reconsiderar el valor de la experiencia en la construcción de la memoria histórica y sus efectos políticos. 
  • Analizar las formas de significación de la experiencia de la memoria. 
  • Discutir el significado y las implicaciones de la memoria histórica. 
  • Analizar la relación entre la memoria y acción política. 
  • Elaborar un ejercicio crítico sobre el papel de los medios de comunicación y digitales en la conformación de la memoria, sus narrativas y su función en la construcción de la memoria colectiva y las prácticas políticas. 

Forma de evaluación

  • Dos ensayos
  • Dos prácticas digitales
  • Una propuesta final

Público al que va dirigido

Filósofos interesados en las prácticas digitales con incidencia política; comunicadores interesados en temas de género, diversidad y exclusión, así como personas relacionadas con museos dedicados a la recolección de la memoria colectiva y personas que participen en movimientos sociales.
1. Formas de producción de la significación y de la experiencia de la memoria
La memoria colectiva como una forma de recuerdo que asedia la vida pública hasta conformarse como pasado común.
2. Memoria histórica y acción política.
Efectos de visibilización de la violencia feminicida y formas discursivas que producen un memorial.
Vocabulario para pensar lo político y lo histórico.
3. Memoria histórica y caducidad.
Fantasmagorías que inciden en la vida común. Intervenciones efímeras que no responden a la lógica medios-fines.
4. Museos, memoriales, efectos políticos y memoria colectiva
Nombrar
Estetizar
Visibilizar
5. Medios de comunicación y construcción de la memoria colectiva
Lo técnico y lo estético.
Deber de memoria y justicia de género en plataformas digitales.

Bibliografía
Arendt, Hannah (2016). La Condición Humana. Trad. Ramón Gil Novales. México, Ed. Paidós.

Bauman, Zygmunt (2006). Memoria y holocausto. Trad. de Ana Mendoza. Madrid, Sequitur, 2006.

Benjamin, Walter (2004) La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Trad. de Andreas E. Weikert. México, Ítaca.

Burke, Peter (2003), Formas de hacer historia. Trad. Gil Aritsu, José Luis y Martín Arribas, Francisco, Madrid España, Editorial Alianza

Butler, Judith (2017), Cuerpos aliados y lucha política: Hacia una teoría performativa de la asamblea. Planeta.

Didi-Huberman, Georges (2015). Ante el tiempo: Historia del arte y anacronismo de las imágenes. Trad. Antonio Oviedo. Buenos Aires Argentina. Adriana Hidalgo editora

Debord, Guy (1995). La sociedad del espectáculo. Trad. Vicuña Navarro, Rodrigo. Santiago de Chile, Ed, Naufragio https://www.youtube.com/watch?v=hJTuVaEKGPo&t=360s

Déotte, Jean-Louis (1998). Catástrofe y Olvido. Las ruinas, Europa, el Museo. Trad. Justo Pastor Mellado. Santiago de Chile. Ed. Cuarto Propio.

Déotte, Jean-Louis (2013). La época de los aparatos. Trad. Antonio Oviedo. Buenos Aires Argentina. Adriana Hidalgo editora

Eglash, Ron (et-al) (2004). Appropriating technology. Vernacular science and social power. Estados Unidos. University of Minessota Press.

Ellul, Jacques (1973). Propaganda. The formation of men’s attitudes. Estados Unidos. Ed. Vintage.

Ihde, Don (2015). Post-fenomenología y tecnociencia. Trad. Cabañes, Euridice. España. Sello AG.

LaCapra, Dominick (2006). Historia en tránsito. Experiencia, identidad, teoría crítica. Trad. de Teresa Arijón. Buenos Aires, F.C.E.

Latour, Bruno (2007). Nunca fuimos modernos. Trad. Víctor Goldstein. Buenos Aires, Argentina. Ed. Siglo XXI.

Martínez de la Escalera, Ana María (2004). El presente cautivo. Siete variaciones sobre la experiencia moderna. México, Edere.

Ríos, María (Coordinadora), (2015). Estética de las imágenes y sus representaciones sociales. México. AMEST.

Simondon, Gilbert (2015). La individuación: a la luz de las nociones de forma y de información. Trad. Pablo Ariel Ires. Buenos Aires, Argentina. Ed. Cactus.

Skopin, Denis (2015). La photographie de groupe et la politique de la disparition dans la Russie de Staline. Editions L’Harmattan.

SEMBLANZAS
Ana María Martínez de la Escalera
es Doctora en Filosofía por la UNAM. Catedrática de Estética y Teoría del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras y de Técnicas filosóficas en el SUAyED, FFyL, UNAM. Su línea de investigación es la Teoría y el Pensamiento crítico moderno y contemporáneo. Los campos problemáticos que aborda son: Problemas de la alteridad y los modos de exclusión, críticade género, aparatos de la producción artística y producción colectiva de sentido. Desde 1998 coordina varios seminarios de investigación dentro de programas como PAPIIT, PAPIME y recientemente PIFFyL. Ha sido coordinadora y editora de la colección Ejercicios de Memoria, en el IIFilológicas, UNAM y editó para el PUEG,UNAM Estrategias de Resistencia (2007) y Feminicidio. Actas de denuncia y controversia (2010); en 2013-14 publica el libro impreso por Juan Pablos y la herramienta digital Alteridad y exclusiones. Vocabulario para el debate social y político, Estos pueden ser descargados en: ae.filos.unam.mx
Ha publicado en libros colectivos, tanto artículos, ensayos como capítulos (150); ha participado en congresos nacionales e internacionales. Pertenece al PRIDE, categoría “D”; y al SNI, categoría I. Desde 2004 coordina el Seminario Alteridad y exclusiones.

Erika Lindig Cisneros
es Doctora en Filosofía por la UNAM (Ciudad de México, México) y profesora de tiempo completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución en las áreas de Filosofía del lenguaje y Estética. Su línea principal de investigación es la Teoría crítica del discurso. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. A partir del año de 1999 participa en una serie de proyectos de investigación que han abordado desde una perspectiva crítica los problemas de la alteridad en relación con el discurso de las humanidades y el de los activismos sociales. Es coeditora y coautora de los libros Alteridad y exclusiones. Vocabulario para el debate social y político, FFyL, UNAM/Juan Pablos, México, 2013; Convergencias teóricas. Usos y alcances de la retórica. Homenaje a Helena Beristáin, UNAM, México, 2015; La fuerza del discurso, UNAM, México, 2018; Usos y abusos del discurso: Ejercicios retóricos sobre política y sociedad. UNAM, México, en prensa; La seducción del texto. Nuevos ensayos sobre retórica y literatura. UNAM, México, en prensa; de la herramienta digital Alteridad y exclusiones y de múltiples artículos y capítulos de libros.

Francisco Barrón
Candidato a Doctor en Filosofía por el Programa de Doctorado en Filosofía, UNAM. Ha participado en varios proyectos de investigación como: “Memoria y Escritura”, “Políticas de la memoria”, “La cuestión del sujeto en el relato”, “Diccionario para el debate: Alteridades y exclusiones” (http://ae.filos.unam.mx/), “Estrategias contemporáneas de lectura de la Antigüedad grecorromana” (http://elea.unam.mx/) y “Herramientas digitales para la investigación en humanidades”.
Se ha dedicado al estudio del pensamiento griego antiguo, francés contemporáneo (Gilles Deleuze, Jacques Derrida, Louis Althusser, Michel Foucault, etcétera) y de los filósofos alemanes Friedrich Nietzsche y Walter Benjamin. Sus intereses son las relaciones entre la estética y la política, y los problemas especulativos sobre la relación entre la técnica, el arte, el lenguaje y el cuerpo.
Actualmente coordina el Proyecto de Investigación Seminario de tecnologías Filosóficas (http://stf.filos.unam.mx/) y es vocal en el Comité Ejecutivo de la Red de humanistas digitales (http://www.humanidadesdigitales.net/). Además se dedica a la planeación, desarrollo, creación de contenidos y coordinador de asesores de la plataforma digital de acompañamiento en los bachilleratos tecnológicos del país, para la Coordinación Sectorial de Desarrollo Académico de la Subsecretaría de Educación Media Superior, de la Secretaría de Educación Pública (http://humanidades.cosdac.sems.gob.mx/plataformas.html).

Francisco Salinas Romero
Aspirante a maestro en humanidades por la UAEM con una investigación sobre tecnología digital, analizando las formas en que se ha modificado la experiencia mediante el análisis de vocabularios como “memoria”, “montaje”. Se ha dedicado al estudio de diversos pensadores, tales como Nietzsche, Walter Benjamin y principalmente Kant, en su faceta política. Pertenece desde 2009 al seminario Alteridad y Exclusiones, y también ha colaborado con el seminario Tecnologías Filosóficas. Ha dado clases a nivel bachillerato y a nivel medio, impartiendo diversas materias. Además de co-coordinar el taller sobre perspectivas de género en el museo de la mujer

María León Magaña
Lic. en Comunicación y Periodismo, Mtra. en Filosofía de la Ciencia, con especialidad en estudios Filosóficas sobre Sociedad, Ciencia y Tecnología. Miembro fundador e integrante activo del Seminario de Tecnologías Filosóficas. Miembro del Seminario Alteridad y Exclusiones.
Sus líneas de investigación son: bases de datos y producción de conocimiento transdisciplinar; pensamiento tecnológico, algoritmos y producción colectiva de conocimiento; autonomía tecnológica y discusión pública de la tecnología.
Ha trabajado en el campo de la divulgación de la ciencia y actualmente es responsable del Laboratorio de Medialidad y Reflexión en el Laboratorio de Tecnologías El Rule.

Lourdes Enriquez Rosas
Es abogada y maestra en Filosofía del Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México. Se ha especializado en crítica de género y análisis del discurso. . Es integrante del Seminario interdisciplinario de investigación “Alteridad y Exclusiones” en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Coordina el grupo de trabajo sobre derechos reproductivos en el Programa Universitario de Bioética. Forma parte del Consejo Técnico del Laboratorio Nacional Diversidades alojado en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y también colabora en el Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM.

Circe Rodríguez
Docente e investigadora, licenciada en Artes Visuales, maestra y doctora en Filosofía con especialidad en estética por la UNAM. Realizó una estancia de investigación posdoctoral en la UAEM Morelos. Sus líneas de investigación se centran en el arte contemporáneo; los problemas estéticos contemporáneos; así como las relaciones que se establecen entre el arte, la política y el pensamiento estético. Cuenta con experiencia docente a nivel bachillerato, licenciatura y posgrado en materias prácticas relacionadas con la producción artística, y teóricas vinculadas al pensamiento estético, la historia del arte y la filosofía. Ha publicado artículos en revistas nacionales e internacionales; ha participado en congresos nacionales e internacionales. Pertenece al Seminario Alteridad y exclusiones desde 2010 y formó parte del seminario Figuras del discurso UAEMorelos

Mayra Citlali Rosas
Artista e investigadora interdisciplinaria, estudió Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, doctora en Historia del Arte, concluyó una estancia de investigación posdoctoral en el área de Diseño y Ciencias Naturales en la UAM Cuajimalpa. El eje de investigación en sus recientes talleres, textos y cursos es la figura del monstruo y el cine de terror como dispositivos de reflexión estética, política e histórica de América Latina. Actualmente investiga y experimenta con las noción de “teratologías de lo femenino”, “cuerpo abierto” y “traducción” a través del formato de libro de artista y fanzine con exploraciones en collage, foto, ilustración, intervención corporal, textil y movimiento. Dos de sus colecciones en fanzine son: Programa para la mujer cuyo objetivo es deconstruir las narrativas de lo femenino contenidas en revistas para “amas de casa” como La familia en los años cincuenta y sesenta. la segunda colección es Monstruologías que aborda las figuras de cuerpos disidentes (enfermedad, la flor y el sujeto mujer, las caníbalas y lo salvaje). Docente en Centro Nacional de las Artes y Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Sandra Escutia Díaz
Licenciada en Filosofía, Mtra. En Estudios Latinoamericanos y actualmente realiza estudios de doctorado en Filosofía. Todos estos estudios han sido cursados en la UNAM. Otros estudios: Diplomados realizados en diferentes universidades españolas: Criminología, Antropología Forense Psicología Jurídica Forense Docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Líneas de investigación: feminismos, masculinidades y masculinidades en la infancia. Proyecto Para la Innovación y Mejoramiento de la Enseñanza, PAPIME/DGAPA/UNAM PE404115, “Cuerpo, territorio y violencia en Nuestra América. Cartografías materiales y simbólicas”, 2015-2017.  Proyecto de Investigación PAPPIT/UNAM IN400511-3 “Espacio, dialéctica y cuerpo. Hacia una simbólica desde Nuestra América”, 2011-2013. Coordinadora del Seminario Permanente “Dialéctica, Cuerpo y Lógica”, desarrollado en la sala Rafael Heliodoro Valle, Torre II de Humanidades, Ciudad Universitaria UNAM, de 2009 a 2012.

Ágata Pawlowska
Maestra y Candidata a Doctora en Filosofía Política por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Entre sus líneas de investigación se encuentran la islamofobia, el terrorismo, el racismo y la construcción de la figura del enemigo. Ha participado como ponente en los congresos nacionales e internacionales y ha publicado sus trabajos en las revistas y libros especializados. Es integrante de los grupos de investigación: “Imaginarios nacionales”, “Alteridades y exclusiones”; y “Teoría Crítica desde las Américas”; Es Logoterapeuta por Sociedad Mexicana de Análisis Existencia y Logoterapia; y docente de filosofía en el nivel superior en el Instituto Científico Técnico y Educativo, Universidad Panamericana y Universidad Pontificia.

INFORMES Y CONTACTO: 

5622-8222 Ext. 41899, 41900
56222903, 56222904
http://ec.filos.unam.mx/
atención: Lunes a viernes, de 9:30 a 14:30, y de 16:30 a 20:30 Hrs.
educacioncontinua.filos@gmail.com
@educonffyl1

“Hacia un discurso estético de la violencia”

José Francisco Barrón Tovar

Cuando pensamos la violencia normalmente lo hacemos a través de un discurso que la plantea en relación con una institución estatal o con una fuerza salvaje. Nuestro discurso, con el que hablamos de la violencia, depende de nuestro lenguaje político. En su ausencia, o en exceso de lo político, es que aparece la violencia: o nos someten, o nos dejan sin instituciones que nos protejan. Las coordenadas en las que se coloca la violencia dependen de un plano político bien determinado casi siempre: “el estado nos violenta” o, acaso, “hay que exigir a la institución que nos cobije de esta fuerza desmedida que nos ha herido”. Pero, ¿se nos escapa alguna forma de violencia al quedar situados en este plano político? ¿Una violencia que ni siquiera podríamos decir?

Y si este plano político es donde ponemos la violencia, por otra parte, una imagen nos da la configuración para describir sus efectos y procedimientos. Es que la violencia, por las imágenes de imposiciones explosivas que conducen nuestro pensamiento de ella, siempre es para nosotros desmembramientos de cuerpos, heridas profundas, hambre provocada, imposibilidad en los deseos, producción de vulnerabilidad… La violencia no puede ser callada o silenciosa, no puede acontecernos “de modo inaudible“. Todo un escándalo. Esto último nos gusta pensarlo con los discursos del poder, de la alienación, de la manipulación, la fuerza y la propaganda. Nos gusta ilustrar la violencia como un estallido. Momentáneo o que perdura, eso no importa mucho, se trata de un arrebato, una exaltación, un bombazo y un estrépito que nos gusta decir que es intolerable y que no debe permitirse.

¿Y si pudiéramos elaborar un discurso en el que la violencia fuera “la más silenciosa” de nuestras horas? ¿Y si experimentamos con nuestros discursos para decir toda nuestra violencia que no cabe en ese discurso político ruidoso? ¿Existe esa violencia? Experimentemos con un discurso más estético, digamos. ¿Y si tratamos de decir la violencia desde la experiencia o desde la sensibilidad corporal podríamos pensarla de otra manera?

*Leer el texto completo

Participaciones en el Museo de la Mujer

En defensa de los derechos sexuales y reproductivos

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

Cuarta parte

Taller sobre derechos humanos y género

Primera parte

Segunda parte

Presentación de libro

“Alteridad y exclusiones. Vocabulario para el debate social y político”

Taller “Cuerpo, Género y Tecnología”

Sesión Francisco Salinas 

Taller “Perspectivas críticas sobre ciudadanía, género, derechos humanos y desarrollo sustentable”

Sesión Francisco Barrón

Sesión Lourdes Enríquez

Sesión Ana María Martínez de la Escalera

Sesión Elena León

 

Crítica feminista, academia y movimientos

Ana María Martínez de la Escalera

La academia en humanidades tiene un deber de memoria y de justicia, contraído con las mujeres organizadas frente a las violencias de género (acoso, violencia obstétrica, prohibición del aborto, feminicidio y los fenómenos menos cruentos como la inequidad salarial). Consiste en un deber que no puede ignorar, puesto que le es demandado desde esa modalidad de organización por los derechos. Tiempo atrás, Jacques Derrida argumentó a favor de la actividad “sin condición” de las humanidades como si se tratase de una urgencia social y política, propia de los tiempos que corrían. Esos tiempos son los nuestros, también. Agregaríamos ¡lamentablemente!

El motivo de la declarada urgencia es la violencia montada en contra del libre ejercicio de la toma de la palabra de las mujeres, de su decisión organizada de tomar la calle para visibilizar violencias que los años, y los siglos en muchos casos, han vuelto normales, y de movilizarse para tomar precauciones ante el embate del aparato de sumisión de los cuerpos. Frente a estas nuevas violencias surgidas como respuesta al levantamiento, individual y colectivo, de las mujeres, a su fuerza para organizar resistencias evidentes y también sutiles, las humanidades no pueden esgrimir “coartadas”, deben analizar las violencias perpetradas y deben hacerlo estudiando su montaje. Diríamos, su aparato. Aparato que no distingue entre lo privado y lo público. Aparato que actúa como efecto de prácticas diversas, heterogéneas, repetidas a través del cuerpo social, reproduciendo jerarquías, autoritarismo y dominación. Como es sabido, una de las prácticas heterogéneas es la configuración del género como suelo de la división del trabajo o reparto de dos mundos de la vida: producción para los hombres, reproducción y cuidados para las mujeres.

Por su parte, la academia y sus diversos feminismos deben aprender que el deber de justicia no se detiene en el estudio y la investigación, ni siquiera en el intercambio de sus resultados. El camino de las humanidades críticas se despliega más allá de las universidades, sus congresos nacionales e internacionales, sus libros. El camino se traza sobre los lugares de las mujeres, los espacios donde ellas conversan y planean la toma de la palabra en su propio nombre. Estos lugares, estos espacios de conversación son, como alguna vez lo declaró Foucault, heterotopías de sublevación, y también agregamos hoy, de goce compartido en el simple quehacer de tomar la palabra en su propia lengua -como sucede con las mujeres en el feminismo comunitario indígena- para contar sus propias narrativas. Narrativas que relatan quehaceres solidarios, donde nacen con fuerza de invención, y se reinventan otras experiencias de lo humano. Por ello es tan importante que el feminismo académico esté al tanto de dos precauciones:

  • Aprender el nuevo vocabulario de las mujeres en lucha, para hablar su idioma.
  • Relacionarse críticamente con el feminismo hegemónico, que si bien posee una trayectoria de éxitos no menospreciables, oculta la voz de los colectivos y reinstaura un feminismo individualista.

En la procuración de estas dos precauciones, la tecnología crítica es indispensable. Con ello me refiero a procedimientos de lectura que nos obligan a analizar, a estudiar cuidadosamente argumentos, y efectos materiales de esos argumentos sobre las relaciones sociales y los cuerpos de las mujeres. No es válido para la crítica repetir lemas y figuras de pensamiento sin haber indagado su historia, su capacidad de transmisión, su fuerza persuasiva. El trabajo de la crítica es siempre, ante lo dicho o escrito y hecho, hacer buenas preguntas. ¿Por qué el feminismo académico tiene como fin el nombre propio de unas pocas académicas, su fama, su liderazgo, en lugar de la dignidad colectiva de las feministas en acción? ¿Por qué repetimos las palabras de nuevas heroínas culturales en lugar de reinventar nuevas modalidades de cultura anónima, y por tanto de todas? La crítica debe proceder con la teoría como si ella fuese un instrumental a la mano, fácilmente desechable cuando no lo necesitemos e igualmente pasible de transformaciones de última hora, para adecuarla a las últimas urgencias. Es preciso que la teoría de la que hace uso la crítica sirva, pero como escribió Deleuze en una ocasión, “no para uno mismo”. Tampoco busca la crítica mostrar la universalidad de los conceptos que emplea, por ejemplo, mujerperspectiva de género, feminicidio. Busca, por el contrario, hacer un uso estratégico de ellos. Lo que implica adecuarlos a la situación o caso del que se trate, modificando si fuera preciso su alcance, extensión semántica, su tono o gesto (como el de la palabra feminismo que causa malestar en algunos oídos), y su referencia, poniendo en práctica su poder de visibilización de las relaciones de dominación, como es el caso con las tres anteriores palabras. Los trabajos de cuestionamiento, oficiados por una lectora del mundo de las palabras y las cosas, son parte irrenunciable de los procedimientos críticos. Quien critica apunta a los efectos del discurso sobre la sensibilidad de los cuerpos individuales y colectivos, comunitarios. Sobre esos cuerpos deja huella. Esto es: después de la crítica será difícil volver atrás, a la servidumbre voluntaria de mentes y cuerpos. La crítica es un trabajo. Se podría decir que la crítica conducida por las mujeres es un trabajo de duelo pues incide sobre la memoria y a la vez se presenta como trabajo de la justicia cuyo campo son las tensiones entre la historia oficial, que olvida a las víctimas, y la tradición de las oprimidas (Benjamin). La justicia trabaja ahí, reorganizando los cuerpos de los dolientes mediante un aprendizaje de la socialización del dolor. Las Madres de Plaza de Mayo son un ejemplo contundente del paso del dolor privado a la organización pública de la demanda. En las Rondas ellas aprendieron a compartir el pathos por el asesinato de hijas e hijos y nietos que transmutó en organización, en acciones micropolíticas, imperceptibles para el poder del estado dictatorial. Las Rondasfueron estrategia para la demanda y táctica de defensa, y aún más, fueron modalidades de desindividuación del duelo y configuración de un cuerpo doliente que se enseñó a tomar la palabra y la calle, más allá del peligro. ¡Qué lejos están estas heroínas culturales, con su pañuelito blanco atado a la cabeza, de las intelectuales eurocéntricas! Pero la crítica no deja ninguna de ellas fuera; más bien conserva sus diferencias para ponerlas sobre la mesa imaginaria del debate feminista, y ahí, luchar por el sentido, por la palabra justa y la acción memoriosa. En efecto, se trata de recordar a las víctimas de la violencia de género como víctimas de todas nosotras, sin excepción. Son nuestras mediante el trabajo de duelo que procura organizarse más allá de fronteras nacionales, como el 8M intentó mostrar. La crítica no se detiene en el cuestionamiento: busca y encuentra el instante paradójico en el cual todo se revoluciona: el sentido, el acontecimiento y su situación, sus efectos sobre la historia y sobre la justicia. La crítica es un trabajo alegre. Y, sobre todo, es un quehacer de proposición de conceptos-otros u otros conceptos no oficiales, proposición de argumentos para luchar en el aparato jurídico con la mirada puesta más allá de él, en las promesas de un mundo otro donde no se repita lo peor, para las mujeres. Y finalmente, proposición de un cuerpo-otro, hecho de nuevas relaciones de solidaridad y cuidados. El deber de proposición aúna a la academia con los movimientos de las mujeres. No puede hacerse sin conversación, sin debate, sin la puesta a prueba de las nuevas palabras aprendidas en el correr de las luchas. Sin estas palabras configuradas como vocabularios, es decir como campos de lucha por el sentido y la significación, las nuevas semióticas feministas a través de las cuales nos pensamos cada una de nosotras, y pensamos nuestras relaciones con el mundo, con las relaciones de poder y dominación, no sería factible el feminismo. El feminismo entendido como una serie de efectos diversos y materiales de visibilización de las violencias contra los cuerpos de las mujeres. De lo anterior se deriva la importancia que tiene la proposición de vocabularios, para la conversación entre los movimientos y la academia feminista. Vocabularios en nuestras lenguas y en nuestras semióticas. Para un vocabulario no existe la jerarquización de conceptos. Las funciones de los conceptos, su carácter abstracto o concreto, dependen de las estrategias obtenidas de sus usos situados: funciones, estrategias y sentidos son siempre efectos, nunca puntos de partida absolutos. Las nociones son siempre conducidas a otros propósitos y recontextualizadas, y la conversación garantiza su transmisión y persuasión, su fuerza retórica. Las mujeres que conversan van decidiendo qué palabras adoptar y para qué descripciones o argumentos, en función de muy determinadas luchas por el cuerpo y por el sentido. El vocabulario está abierto al tiempo y a los avatares del debate. Cada vocabulario es un espacio, es decir, una modalidad de relación entre palabras, cosas, hablantes y vivientes. Esto anterior es importante: las mujeres han aprendido a hablar por las víctimas que ya no tiene voz, y entre estas víctimas están los cuerpos de los vivientes que, como el cuerpo de las mujeres, han sido reducidos por la violencia de género a propiedades. En las comunidades, las feministas comunitarias buscan otras relaciones con los vivientes, animales y vegetales, montes y ríos. Y en esos casos, en esas búsquedas, el papel del rito, de la ceremonia que rehúye el espectáculo y reclama el goce del gesto, se perfila por encima de un laicismo que aparece como promesa únicamente para el poder de estado y los poderes de los conocimientos de los expertos. La crítica, auxiliada por la proposición de vocabularios no pretende volverse una política identitaria o de identidades, ni sostener nacionalismos a ultranza, reconducidos hacia reforzamientos conservadores. Esto es así porque la crítica insiste en presentarse y practicarse como agenciamiento sin sujeto. Lo cual significa que, si bien es puesta en marcha por la toma de la palabra individual, no es la figura de un individuo racional, dueño de sus derechos la que capitalizaría la producción del sentido, sino el ámbito del debate colectivo. De hecho, la crítica tiene que mostrar como la agencia, el hacer en general no posee un sujeto previo, anterior a la realización de cualquier actividad. El sujeto más bien es un efecto de sentido, de apropiación y monopolización de la significación. Es un efecto histórico y por ende transformable. Por su parte, la toma de la palabra por parte de las mujeres tiene en la acción misma de toma, su propia dignidad realizada. Entonces, la producción del sentido otro por parte de los debates colectivos de las mujeres, no es una resignificación voluntaria, instrumentalizada por la figura de una intelectual. Si hay resignificación, ésta se explica como el efecto de una discusión permanente por los alcances del concepto en cuestión, debate que se acompaña de empleos nuevos y sorprendentes por parte de las hablantes mujeres, entendidas como un colectivo. Y esto no debemos olvidarlo las académicas, puesto que la institucionalización y monopolización de los conocimientos parecen obligarlas a personalizar el éxito de los nuevos vocablos y su implementación teórica. El éxito es siempre anónimo; me refiero sin duda al éxito o rendimiento crítico de un concepto y de un vocabulario. El deber de memoria y de justicia, mencionados al inicio de este pequeño ensayo, no adquieren sentido sin antes ponerlo en relación con dos figuras de la crítica: la figura del otro(a) y la figura de la responsabilidad. Esta última es siempre del orden de la respuesta; la demanda o la pregunta, por su parte, le pertenece al otro. Me refiero a ese otro u otra base de la sociabilidad de los seres humanos. Se diría que, al nacer, el otro u otra ya está ahí. El otro preexiste. La palabra del otro, su lengua, su experiencia del mundo, nos antecede cronológicamente pero también éticamente. Para el caso de la crítica feminista, el otro o la otra es tanto un ser humano como un ser viviente, pero es también los entrelazados patrones que dibujan sus relaciones. Se trata así de una ética histórica. Esta anterioridad requiere de una historia. Así, la violencia contra cualquier mujer no se puede describir, nombrar, declarar o comprender más que a través de esa historia que la inscribe en un patrón de comportamiento de explotación y exclusión. La crítica será histórica o no será. El deber de justicia y memoria, retrabajado por los colectivos de mujeres cada día, es responsabilidad también de la academia. En su caso, se trataría de poner en marcha un trabajo de duelo que acerque la academia feminista al feminismo colectivo de los movimientos sociales. No sería extraño que el duelo tomara la forma de una re-colectivización de las prácticas académicas que ocuparan el lugar de las prácticas individualizantes, a las que la meritocracia universitaria nos tiene obligadas. Después, el duelo implicará la transformación en proceso del espacio íntimo de los afectos, espacio imaginario, por la politización de esas afecciones. Un ejemplo muy relevante el día de hoy en la Universidad Nacional Autónoma de México está en el lema: “Lesvy nos duele a todas”. Para finalizar quiero puntualizar que el deber de justicia y de memoria constituye la tarea democrática propia de las mujeres. Sea como fuere que las mujeres, juntas, decidan encarar el trabajo de la democracia en sus situaciones específicas, esta labor no podrá llevarse a cabo sin la toma de la palabra. Recordemos a una activista por los derechos de las mujeres, Rebecca Solnit, quien dijo:

Las mujeres pelean guerras en dos frentes, uno para cualquiera que sea el tema y otro simplemente por el derecho de hablar, de tener ideas, de ser reconocidas en la posesión de información y verdades, de tener valor, de ser humanas. Las cosas han mejorado, pero esta guerra no terminará en mi vida. Todavía estoy luchándola, para mí sin duda, pero también para aquellas mujeres más jóvenes que tienen algo que decir, con la esperanza de que logren decirlo.

Suscribo su esperanza.

*Tomado de acá.